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Su salud financiera podría mejorar si todavía no está contemplando las cuestiones que vamos a tratar en este artículo. Lo fundamental como verá es que usted aprenda a administrar mejor su dinero, considerando el ahorro, las inversiones y los gastos. Lo ideal es fomentar el ahorro y la inversión y reducir los gastos. El control del endeudamiento es crucial para disfrutar de una situación financiera desahogada.
Cabe destacar en primer lugar que nuestra situación financiera no depende únicamente de los ingresos. Para el mismo nivel de ingresos o incluso inferior, alguien puede estar viviendo más desahogadamente.
¿Por qué es tan importante el control de los gastos?
1/ Si usted gasta por encima de sus posibilidades, se endeudará.
2/ Si usted gasta todo lo que ingresa, no podrá ahorrar ni invertir.
Las repercusiones del endeudamiento vamos a verlas a continuación y las repercusiones de la falta de ahorro e inversión las veremos en el próximo artículo.
Supongamos estos dos casos:
-Sandra gana 40.000 euros al año. Tiene 4.000 euros ahorrados. Le quedan por pagar 285.000 euros de hipoteca por su piso en el plazo de 25 años, 25.000 euros del préstamo de su coche y tiene 18.000 euros de pagos aplazados en su tarjeta de crédito.
-Alberto gana 20.000 euros al año. Tiene 26.000 euros ahorrados. Le quedan por pagar 23.000 euros de la hipoteca de su piso en el plazo de 10 años, no tiene coche ni debe nada de su tarjeta de crédito.
¿Quién cree usted que vive más tranquilo?
Vemos que Sandra gana el doble que Alberto, con lo cual se podría concluir solo por este dato que vive más desahogamente la primera que el segundo.
Sin embargo, resulta que Sandra debe entre hipoteca, préstamo del coche y tarjeta de crédito una deuda total de 328.000 euros, mientras que Alberto solo debe 23.000 euros. Con los 4.000 euros ahorrados Sandra no puede cubrir ni un 2% de su deuda total. En cambio, Alberto con sus 26.000 euros ahorrados puede cubrir el 100% de su deuda y aun le quedarían 3.000 euros para imprevistos.
Teniendo en cuenta un tipo de interés del 3 % para las hipotecas de ambos, Sandra pagaría una cuota de 1.350 euros al mes, y Alberto solo 213 euros al mes. Desde luego, hay una gran diferencia.
Imaginemos que a Alberto se le deduce un 20% de lo que ingresa y a Sandra un 30% (aproximadamente, considerando que nuestro sistema impositivo es progresivo, y a medida que uno ingresa más dinero, le va subiendo el tipo impositivo del IRPF). Por lo tanto, Alberto ingresaría al año 16.000 euros netos y Sandra 28.000 euros netos. Hay una gran diferencia, sin duda. Si reciben ambos 14 pagas: Alberto cobra mensualmente aproximadamente 1.150 euros/mes y Sandra cobra 2.000 euros/mes.
Como Sandra tiene que pagar 250 euros al mes por el préstamo de su coche y 500 euros al mes por la tarjeta de crédito, en total tiene que pagar 750 euros . Por consiguiente, Sandra cobra 2.000 euros al mes y tiene gastos por importe de 2.100 euros al mes, sin contar gastos de la casa, comida, etc. Evidentemente, no es una situación sostenible en el tiempo. Podrá compensarlo temporalmente con sus ahorros y las 2 pagas extra hasta que se le acaben los ahorros o le surja un imprevisto que le pueda llevar a tener que endeudarse más para poder cubrirlo, y entonces “la pelota se haría más grande” y acabaría en la bancarrota de Sandra.
El caso de Alberto es que cobra 1.150 euros al mes pero solo paga 213 euros de hipoteca y no tiene más deudas. Resulta que cada mes tiene 937 euros para gastos e incluso tiene 26.000 euros de ahorros por si hubiera algún imprevisto (baja o paro que supusieran una reducción temporal de ingresos, derramas de la casa, electromésticos estropeados, reformas de la casa, etc.
Conclusiones
Alberto puede vivir en calma y dormir bien por las noches ya que en el presente tiene una economía saneada. Parece que tiene perfil de ahorrador, por lo que posiblemente destine cada mes una parte de sus ingresos al ahorro.
Aun perdiendo su empleo, Alberto tendría margen de reacción. El caso de Sandra sería dramático, porque una reducción fuerte de sus ingresos implicaría sin duda su bancarrota.
En conclusión, sin control de gastos y del nivel de endeudamiento, se puede llegar a un límite que sepulte nuestro bienestar financiero y perjudique nuestra calidad de vida.A más a más, el endeudamiento impide el ahorro y la inversión, que son los motores para la creación de riqueza y prosperidad.